La absorción del Popular por el Banco Santander genera incertidumbres en Galicia en cuanto al devenir del Pastor y su plantilla

La agonía del Banco Popular ha culminado esta mañana con el anuncio de su venta por un simbólico euro al Banco Santander.

La entidad presidida por Ana Botín se convierte así en la mayor entidad bancaria del país y se da un paso más hacia una concentración bancaria.

María Bastida, profesora de Relaciones Laborales de la USC, aún se desconoce el impacto que la operación va a tener en la estructura y el empleo de la entidad. “Cabe esperar que, entre los requisitos, haya alguno relacionado con la plantilla de la entidad, aunque el anuncio del recorte de una tercera parte de costes del Popular sugiere, cuando menos, una revisión de estructura y eliminación de duplicidades”, indica la profesora Bastida.

A su juicio los trabajadores se enfrentan a “una etapa de incertidumbre que puede tener costes ante todo (y sobre todo) psicológicos, sino en términos de salud. La parte positiva es que la situación mejora la etapa precedente, así como el mensaje tranquilizador que ha lanzado el nuevo equipo directivo. Si el barco sigue a flote, siempre es más fácil mantenerse a bordo.

El catedrático de Economía Aplicada de la USC, Luis Carames considera que “Danièle Nouy, presidenta del Mecanismo Ùnico de Resolución (MUS) de la Unión dijo que el Banco Popular había llegado hasta aquí y mandó parar. La cotización de sus acciones había caído en torno a un 60 por ciento en un mes. Y ahora el que ha de poner en práctica este plan de resolución ha de ser el FROB”. El profesor Carames recuerda que ya no hay fondos públicos para el rescate. “En aras del interés general no se ha liquidado el banco, así que los depositantes quedan protegidos y la cuenta recae sobre accionistas ye los que detienen bonos subordinados”. A pesar de ocupar casi un 20% del mercado de las Pymes, el Popular, indica el profesor Carames, había acumulado mucho activo inmobiliario “tóxico”. Al final el Banco Popular “vale” mucho menos que los millones inyectados en la última ampliación. “La desconfianza, grave enfermedad en economía y finanzas, entró en el banco como la carcoma. Quizá haya más cosas, pero sobre ellas siempre se extiende un velo tupido”, añade Luis Carames.

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